LA DIFICULTAD INICIAL OBRA ELEVADOS ASTROS. Por Romina Rivero.

Y nació el solo de Elena Córdoba. De la sencillez, de la pureza, de la fuerza y la fragilidad del cuerpo humano, afloró tras ocho meses de íntima, solitaria y cálida danza.

Atlas, el gigante y la vértebra.

Una pieza lejana al artificio de la escena, de instante, desnuda y austera, donde su cuerpo (elemento esencial de su trabajo) es la única nota musical que recorre el pentagrama de la tabla. Definido por la bailarina y coreógrafa como “el espacio de vida donde todo se asienta”, y sin lugar a dudas, en esta obra escénica, es donde todo transcurre, desde su inicio hasta su fin.

Profesional que ha trabajado las Vanguardias, bien ahora desde la firma del imaginario clásico, articula casi la totalidad de la obra en dos piezas de danza donde una transmutación ocurre, entre las caricias de la inmovilidad y el camino hasta la extenuación. ¿Alguna vez pudiste observar Atlas Farnesio, escultura romana copia de los helenos?: sacrificio, orden, principios, sobreesfuerzo, dolor, barbarie, aflicción, angustia, tristeza, responsabilidad, desgarro …por llevar el mundo a cuestas, por soportar la bóveda celeste con toda y cada una de sus estrellas.

Elena Córdoba se pone a prueba a sus 53 años, se adentra en un mito de titanes y dioses rescatado de la Antigüedad Clásica. Beneficiándose de escasos elementos transforma su fisionomía desde la potencialidad del minimalismo: la “imprescindible” pared del escenario sobre la cual aguantar hasta gemir, su canoso y hermoso cabello que “performa” con una pelota azul a modo de cúpula cósmica, con un ángel sin brazo ni ala, y con unos abalorios que anuncian a los astros, un ropaje inocente, un báculo de madera, una luz conceptual y vaporosa de manos de Carlos Marqueríe. Grabaciones originales rescatadas de la época acompañan las confesiones danzadas de la bailarina: Andante de la Sinfonía 40 en Sol Menor de Amadeus Mozart y Sarabanda de la Suite Francesa no 5 en Sol Mayor de Sebastian Bach.

La artista propone conceptualmente danzar desde los opuestos: fuerza y fragilidad, estado limítrofe desde el cual ha sido necesario construir. El movimiento que se sucede, roza el abismo de su resistencia, de los límites de su cuerpo. La bella y metafórica dualidad entre la ficción mitológica, y la pianísima realidad de que un único anillo óseo proporciona sostén, sirven de pretexto a su autora para crear una lírica al encuentro entre un gigante y una giganta, rindiendo a su vez homenaje a sus más profundas vivencias. Paralelismo que alegoriza la división entre cielo y tierra o entre carne y pensamiento, el pilar que sujeta, y así, el Principio del Orden según los Antiguos. La investigación de esta versada creadora sobre la morfología y las funciones del organismo, los músculos, los huesos, en definitiva el cuerpo científico anatómico y su comprensión; la lectura, para con ésta ocasión inspirada en La Metamorfosis de Ovidio; la música, con la cual conecta intuitivamente; la escritura y la etimología; la fotografía y el vídeo como documentación; asientan su poética, su pasión comprometida y su compleja propuesta escénica que fue presentada en el Laboratorio de Artes en Vivo del Teatro Leal. Un malgama entre lógica y pureza sensorial.

La posibilidad de buscar el origen del movimiento y de la vida, el conocimiento de la conformación de la materia, y el vértigo, el temor que este antagónico flujo desprende entre razón y sensaciones, entre física y metafísica, es el escenario donde Elena se sitúa con una cierta calma. Como creativa, da a luz a una obra donde lo personal y lo profesional se tornan indivisibles. Sitúa su terreno de trabajo en el cuerpo, y el movimiento, es una reflexión sobre el mismo. Anatomía Poética (2008), concretamente La mujer de la lágrima, fue evidente formalización de un viaje hacia el interior del cuerpo. Todo lo que se mueve está vivo, El amor y la herida, Entre victoria y derrota, y significativamente Cuentos de la princesa suicida (pieza en solitario representada hace 20 años), son otros de sus trabajos que matizan planteamientos similares a Atlas, el gigante y la vértebra.

El cuerpo de la medicina, un reto para el latido del arte, portador de inquietudes vitales, de desconocimiento y de un hasta dónde y hasta cuánto. La expresión más directa de una bailarina, de su envejecimiento, de su fuerza y de sus titanes.

Un acto natural del ser humano, bailar, consustancial a nuestra naturaleza y al cual podemos abandonarnos insondable y sutilmente. “La unión del cuerpo en el espacio es natural”, esto es Elena Córdoba y su oficio, virtud precoz desde sus 7 años de edad. Un trance, una libertad reglada profundamente por mudas pautas, y la maravillosa experiencia que le supone compartirlo. ¡Kariátides, Titanes, Titánides, Ninfas, Diosas y Dioses, ínfima y colosal vértebra!,… y por excelencia, con quien ella danza desde sus adentros, su padre.

 

Atlas, el gigante y la vértebra. AÑO DE PRODUCCIÓN: 2012

DURACIÓN: 1h 20′ Ficha Artística.

DIRECCIÓN ARTÍSTICA: Elena Córdoba MÚSICA: Andante de la Sinfonía 40 en Sol Menor KV 550 de Wolfgang Amadeus Mozart en la dirección de Sergiu Celibidache, Sarabanda de la Suite Francesa no 5 en Sol Mayor BWV 816 de Juan Sebastian Bach en la interpretación de Andréas Schiff BAILARINA: Elena Córdoba ILUMINACIÓN: Carlos Marquerie FOTOGRAFÍA: Susana Paiva VÍDEO: Chus Domínguez

ElenaCórdobaesartistaresidentedeTeatroPradilloyAtlas,elgiganteylavértebraesunodelos proyectos que alberga este teatro. La obra recibió el apoyo de Citemor 2012 – Festival de Montemor-O-Velho, Portugal.