Una sucesión de acciones abdicada a lo infinito: Backstage_por Romina Rivero

Acotada quizás por el “no resultado”, por la experimentación que nace en cada una de sus puestas en escena o por el mudable marco del momento presente artista-espectador, Raquel Ponce formula en cuanto a técnica se refiere, una pieza “ni”, lo cual se traduce como un amalgamar plástico-escénico-visual-performativo.

Una obra mostrada en el Laboratorio de Artes en Vivo del Leal este pasado mes de marzo, y que surgió del proyecto expositivo videográfico Back, presentado previamente en el Centro Atlántico de Arte de Moderno (Las Palmas de Gran Canaria) y en el  Espacio Cultural el Tanque (Tenerife).

La reserva tras el telón deja de ser limítrofe, pierde su posición marginal y el “entrebastidores” sale a escena, es la escena.  Una situación donde el cuerpo es enser coreográfico y altruista, pues modela desde el ensayo y el error esencialmente. La escenografía del objeto borda la imagen y el realismo crítico de la misma, desde una sintaxis creada fuera de los límites clásicos establecidos en lo teatral. Planteamientos promovidos por tendencias tales como el Arte Povera y el Art Brut o Arte Marginal, se relacionan con el carácter metodológico de la artista desde envolturas concretas: la creación fuera de los límites de la cultura costumbrista, la intromisión del público, la fijación en el concepto, la obsesión, la cautividad y el gozo dela misma.

El mecanismo, se centra en lo previo de la acción, en el no principio, en la huella de los objetos bien para un a priori o para un a posteriori. Inclusive, la radicalidad del in actus y el valor otorgado a sus derivaciones (cuestiones sobre el medio teatral), que guardan analogía con el trabajo de Juan Domínguez, Cuqui Jerez o Cristina Blanco, es otro aspecto que destaca en el trabajo de Raquel Ponce. Sin embargo, la delicadeza del “aún por definir” está latente en el recorrido que el imaginario ocupa cuando Cantando bajo la lluvia, My way de Frank Sinatra, u otros temas de Marilin Monroe, Dean Martin, fred  Astaire, Elvis Presley,  Buddi Holli, Roy Orbison…, suenan. El guión se re-construye, la dramaturgia queda entonces en el recuerdo y en el reflejo del espectador consciente. Un tiempo y un espacio oculto y compartido, en potencia de ser: que se mueve, que se oculta, que se divide, que está aquí, allá y en todas partes.

Una puesta en escena inmediata, abstracta, empírica, que intenciona desdoblar en inagotables y finas capas un incesante acontecer de sucesos, desde una revisión analítica del cómo. Una obra process, situacionista. Un microcosmos de causas entrelazadas entre sí, que evoca a mencionar otra producción Narcisa, realizada por Raquel Ponce en 2009, donde los hechos acentúan la reciprocidad entre la escritura y la lectura de la propia pieza.

Interpretación insinuada e impuesta mediante la tecnología del televisor, la cámara, el reproductor, el proyector… A camino entre lo pregrabado y el directo, evidencia la complejidad y la infinidad a propósito de la trastienda, y el constante devenir de la alquímica transmutación entre construcción y deconstrucción. El énfasis en lo inconcluso, en los desechos, los desaciertos o los equívocos como parte sumamente consustancial y catalizadora de nuestra propia realidad.