EL MONSTRUO LAILA TAFUR

Acompañamiento de Carmelo Fernández/ Residencia

 

 

 

Usar lo que uno sabe hacer y lleva años practicando en el baile: lo que le es familiar. De este modo se trata el movimiento como materia prima, de manera indiscriminada, exento de la intención semiótica con la que fue creado. Y lo uso como soporte puramente físico sobre sobre el que experimentar ideas nuevas: la afectación del sonido en el cuerpo, el sonido que el cuerpo produce, el sonido que el cuerpo recuerda, el sonido que el ojo recuerda, el sonido que todos oyen, el silencio. Esta materia prima puede clasificarse así:

 

Hacerse la muerta / La muerte flotante / silly dance / Centrifugar / La danza simbólica / La bella y el caballo fantasma / Parar vs no parar / Manos que son hélices / El circulo busca el retorno / Propaga como Don Juan en desierto.

 

Usar letras y canciones que me son familiares (del mismo modo que con el movimiento), y útiles. El flamenco alarga las vocales hasta llevarte al grito. A penas tienen estrofas, repiten la misma letra varias veces; y la repetición como base estructural rítmica y vocal. No del mismo modo, pero la música vocal como la de György Ligeti o Cecilia Bartoli sirven también como guías para ejercitar los mismos principios: estirar el sonido, afectar al cuerpo con él, teñir el aire con o sin voz, etc. La idea es usar la repeticón como base, y tanto en el sonido como en el movimiento aplicar en esa repetición el principio de “pensamiento la palabra, obra y omisión”.