MONTALDO_ ERNESTO COLLADO

Fundación Collado-Van Hoestenberghe

 

 
En 1848 un grupo de socialistas utópicos inspirados por Etienne Cabet viajaron desde Le Havre a Texas ( USA) para construir una comunidad utópica llamada Icaria. Entre ellos, junto a otro español llamado Joan Rovira, se encontraba Ignacio Montaldo, el mas joven de dos hermanos que creían profundamente en una alternativa al capitalismo. Ignacio Montaldo era un muchacho mudo, tímido, casi autista que se comunicaba a través de una libreta donde apuntaba notas y esbozaba dibujos. La razón por la cual fue él el escogido para formar parte de la expedición fue para que su hermano ( el listo) pudiese encargarse de los negocios familiares. Se podría decir que fue un “movimiento inteligente” para deshacerse del inútil de la familia y a la vez contribuir a la causa Icariana. Porque Ignacio era un hombre fuerte, honesto y sincero en quien se podía confiar y era alguien que seguro no interferiría en las decisiones del grupo, pues él escuchaba y sabía escuchar muy bien, pero raras veces replicaba.
Icaria fue un completo desastre. Muchos de ellos murieron durante el duro viaje, y los que sobrevivieron acabaron por matarse unos a otros o suicidándose, como Rovira, entre profundas discusiones y desacuerdos. Todos excepto Montaldo. La leyenda cuenta que un día, absorbido por el movimiento sinuoso de un lagarto verde, dejó la caravana atrás, y adentrándose en las praderas, se unió a una tribu de indios y se convirtió en su jefe. Jamás se encontró ninguna de las muchas libretas que él llevaba consigo. Mas de cien años más tarde, y fascinado por la leyenda, decidí viajar a Texas siguiendo los pasos de Montaldo. Pero decidí hacerlo sin hablar. Ni una palabra. Sólo me comunicaría con notas, carteles y pancartas.

montaldo1MONTALDO es mitad un documental y mitad una road-tale sobre el fracaso de un sueño colectivo a la vez que sobre una maravillosa epifanía personal. Un intento performatico, y ciertamente no académico, de desentrañar y comprender el corazón de la tensión existente entre el colectivo y el individuo, así como la necesidad de utopias y el poder inagotable de la capacidad humana. Una gran historia de indios sin vaqueros , con armadillos comprometidos, gasolineras, utopias, catalanes autistas y fabricantes de alambradas.

Un solo actor. Sin técnicos. Una carretera interminable. Coches eléctricos. Proyectores de diapositivas escupiendo imágenes ( dibujos y notas de viaje). Carteles, pancartas y notas por todas partes. Un tocadiscos en algún rincón. Pequeñas acciones. Extraños movimientos. Voces grabadas y sonidos. Efectos atmosféricos: lluvia, niebla, nieve y viento sobre la interminable carretera Tejana.

 

“A pesar de estar sentado en mi butaca de espectador, de permanecer inmóvil por convención, sospecho que el desplazamiento ha empezado antes aún de entrar en la sala: ese que está sentado esperando en la mecedora en escena y que se esconde bajo el gorro y la melena lacia hasta los pies, es el lugar de la acción. Al entrar me pareció que el sitio en el que iban a pasar las cosas era ese espacio de frente a las butacas en el que había objetos dispuestos con cuidado y atención. Pero en cuanto el personaje se puso en pie y abrió la boca, se hizo evidente que la estructura de representación no era la convencional y las reglas del relato eran otras. Nuestro viaje no era un viaje en línea recta, no se trataba de recorrer un trayecto, de salir de un sitio y llegar a otro atravesando una peripecia.El relato más que desarrollarse, se desplegaba ante nuestros ojos: los personajes se multiplicaban; los tiempos se simultaneaban; los lugares aparecían y desaparecían; la imágenes se amontonaban; las historias se abrían, una dentro de otra; las voces se sucedían y entrecortaban; la ficción se apoderaba de la realidad al tiempo que la realidad parecía un cuento chino;… Toda esa multiplicidad de direcciones, lejos de perdernos, llevaba a una especie de estado de contemplación en el que el viaje no lleva a ninguna parte, o aún mejor, no necesita llegar a ninguna parte, no se agota en la realización de un fin. Gracias a ese sorprendente desplazamiento, todo lo que sucede, todas las líneas y niveles de la narración confluyen en el cuerpo del que nos esperaba sentado en la mecedora…”. Jaime Conde-Salazar para    El Graner – (Lugares de la acción 2